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Ronda, ciudad soñada“He buscado por todas partes la ciudad soñada, y al fin  la he encontrado en Ronda”  – Rainer María Rilke

#PlayItLoud!

Hoy, como ya hiciera cuando os enseñe el caos que gobierna en mi escritorio, vuelvo a sumarme a otra iniciativa de BabyCatFace, esta vez totalmente distinta a la anterior. Aparcamos el mundo de la ilustración y lo hecho a mano y nos vamos de paseo por lugares mágicos. Yo, en realidad, he alterado un poquitín la temática, ya que Coral nos proponía mostrar algún lugar en concreto que tuviese cierto halo de magia para nosotros, pero como no he sido capaz de quedarme con uno, os traigo un buen puñado de fotos del lugar donde crecí: Ronda, una ciudad preciosa de la provincia de Málaga.

Lo cierto es que Ronda tiene bastantes lugares medio ruinosos fotografiables, que me habrían venido de perlas para esta entrada. Pero descarté algunos de ellos por cagueta y otros porque son algo difíciles de fotografiar y yo no llevaba más que la cámara del móvil. Por eso al final me decidí a pasear por la Ronda de mi niñez, que sin duda está compuesta por un montón de rincones mágicos que me transportan a la infancia sin tener que cerrar los ojos y hacen bailar mariposas en mi estómago, como cuando te enamoras. Porque al final es imposible no estar enamorado de esos lugares en los que has sido tan feliz, de esas calles y plazas por las que tanto has correteado. Y eso me pasa a mí con la Ronda de casas blancas y suelos empedrados.

Ronda Alameda

Empezamos el recorrido en la Alameda (arriba), un parque bien grande situado en la cornisa del Tajo (os aseguro que asomar la cabeza por entre los barrotes de esos balcones que se ven al fondo impresiona bastante). La Alameda es ese lugar donde tus padres te sacan a pasear en el carrito cuando eres un bebé, donde te llevan de niño para que corretees detrás de las palomas y le des de comer a lo patos, donde quedas con tus amigos del colegio los fines de semana (para comprar chuches en el carrillo de Mari, que allí está ella desde que tengo uso de razón, y no le pasan los años por encima), donde das tus paseos tímidos con esos primeros amores de la adolescencia. Ese sitio que pisé casi a diario desde mis tres años, cuando empecé a vivir allí, hasta los dieciocho que me marché. Se dice pronto.

Ronda colegio

Bajamos hasta la zona de los Ocho Caños por cualquiera de las tres cuestas que te conducen a ella. Allí está mi colegio, La Inmaculada y San José de la Montaña (colegio de monjas, sí…). Esa puerta que veis ahí, la del número 49, era la entrada de los mayores (y qué mayores que nos creíamos cuando por fin nos dejaban cruzarla), por la que accedías ya en los últimos cursos de la EGB. Allí pasé diez años y, por más que quisiera, me sería imposible resumir en un sólo párrafo todas las aventuras que viví con mis primeros amigos en sus patios, aulas y pasillos entre clase y clase, a la hora del recreo o en los ratos de comedor.

Ronda plaza oscuridad

No lejos del colegio, nos encontramos con la luminosa Plaza de la Oscuridad y las calles empinadas y escalonadas por las que accedes a ella. A salvo del tráfico y el bullicio que puedes encontrar en el centro de la ciudad. Es uno de esos lugares perfectos para escaparse un rato y cobijarse bajo una sombra, escuchando únicamente el ruido de los pájaros y el agua de la fuente.

Ronda Arco Felipe V

Otra de las zonas más mágicas es la del Puente Viejo y el Arco de Felipe V, que es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad y pese a ser objetivo de los numerosos turistas que visitan Ronda cada día, sigue siendo un lugar precioso para pasear (sobre todo si vas entre semana). También es un magnifico punto en el recorrido de las famosas “rutas del colesterol” (que así, de paso, acabé haciendo ese día), y es que subir y bajar cuestas de suelos empedrados es uno de los ejercicios más efectivos que existen. Y además es gratis.

Ronda ayto

Y para acabar el paseo, una de ventanas, macetas y flores de las que te sorprenden en cualquier esquina, convirtiendo las fachadas en pedacitos de arte. Beber agua dulce y fresca de una fuente y sentarte en la plaza del Ayuntamiento, a tomar un café a la sombra fresquita, con la música de una guitarra llena de magia de fondo y el corazón contento por haber revivido tantos recuerdos felices.

Gracias especiales a mi mamá guapísima por compartir este paseo conmigo, ataviadas con modelitos dignos de esas grandes “señoras que salen a andar”. Vamos a tener que convertirlo en rutina cada vez que me escape de visita.

Espero que hayáis disfrutado del paseo, que no acaba aquí, porque aún os quedarán algunos lugares mágicos por descubrir en el blog de BabyCatFace y de los participantes que se hayan animado a formar parte de esta preciosa iniciativa.

¡Que paséis un gran día!

fin post-

 

 

 

 

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