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sushi*Play it Loud

Esta ha sido una de esas semanas en las que el viernes parecía no querer llegar… Ya sé que una vez os dije aquello de que tenemos a los viernes endiosados, que deberíamos saber disfrutar de todos los días de la semana y que bla, bla, bla… Pero, ¿a quién vamos a engañar? A veces son extremadamente necesarios. Lo bueno es que, al final, siempre llegan. Así que aquí estamos, con todo un fin de semana por delante para dejar a un lado las cargas que hemos ido acumulando a lo largo de estos días y hacer algo que de verdad nos guste. Pero mucho, mucho, mucho.

No es que vaya a tener mucho tiempo libre de aquí al lunes, ya que ando embarcada en un proyecto precioso del que no puedo contaros mucho (aún está bajo secreto de sumario). Pero eso no quita que tenga muy claro que merezco darme un capricho. Porque (y permitidme la licencia de recurrir a aquella frase manida a base de tanto uso y desuso) yo lo valgo, pero de verdad de la buena. Que si no nos lo creemos nosotros, es difícil que los demás lo vean.

Y, ¿cuál es mi capricho para este fin de semana? Darme un buen atracón de sushi. Así de sencillo. El antojo es grande y viene engordando desde la semana pasada, cuando mi señor Wayne y yo nos disponíamos a satisfacerlo, pero el maravilloso domingo súper-soleado que hizo nos dejó sin mesa en nuestro sushi-bar favorito. Así que de éste no pasa. No señora. Pasado mañana reservo mesa aunque truene y granice (dicen que por lo visto hará malo…), que yo esto no lo arrastro conmigo otra semana más.

Desde aquí, os animo a hacer lo mismo. No me refiero a comer sushi (que si os gusta, también, claro), sino a daros un buen capricho. A quereros y a mimaros mucho. En compañía o sin ella. En casa, en la calle o de viaje. Pero hacedlo. Que ya lidiamos con bastantes cosas que no podemos elegir y nos merecemos disponer de ese momento diseñado por nosotros y para nosotros. He dicho.

¿Qué? ¿Os he convencido?

fin post-

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